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Momentos

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Con emoción y sorpresa relativa, también con dosis altas de sincronización, admiré a primeros de agosto la expo de Anselm Kiefer en el Guggenheim de Bilbo. De paso el sincero, fantástico, coherente, libre, necesario paisaje y contenidos de Chillida-Leku, además de los peines del viento en la playa de Donostia... Impresionantes y edificantes dias en el País Vasco, de verde tierra y arte sincero, del corazón al aire y Kiefer sin desencajar, más bien al contrario.
Y han pasado todos estos días y aún no he podido coser o concentrar palabras para , por lo menos, centrar-describir-escribir impresiones de la esencia y sabiduría percibida en Kiefer, en su plástica, su materia viva y su mensaje, sus mensajes... Espero fabricar algo en próximos-breves días, o no.
Es verano y las mentes parecen acomplejadas o dejadas hasta convertirse en mera ilusión entre paisajes azules, amarillos o verdes. O rojos.
Leo un artículo en ABCD de hace unos dias, donde Anna Maria Guasch escribe sobre una expo de varios artistas en EACC de Castelló (Nuestra hospitalidad) y, perplejo, no llego (bueno de llegar llego, más bien no digiero...) a palabras o frases como estas:

... políticas de lugar...dinámicas de la ciudad...acto de focalización...ruta de trabajo de todo buen etnógrafo postcolonialista...conceptos que reflejan espacios dialógicos... pensamiento geográfico... Y eso es lo que es básicamente la exposición: una manera de interconectar los problemas globales, no buscando la tan recurrida "glocalidad", ni una aspiración desde lo local hacia lo general, sino todo lo contrario, una proyección de lo global: la hospitalidad como comportamiento, responsabilidad y estética, y, en cualquier caso, las diferentes negociaciones que lo global mantiene con lo local en términos de vecindad o de extrañamiento...

Joder, no es manía para con Anna Maria, más bien al contrario porqué es un ejemplo de lo bastante general que ocurre también en otros técnicos: profesores, periodistas, escritores, licenciados o doctores, "enteraos" varios, críticos: escribientes sobre arte; sobre cultura también pero especialmente en arte contemporáneo y desde hace medio siglo mínimo y cada dia en aumento: Parecer que se razona-dice algo a base de multiplicar-inventar-rehubicar términos, palabras, frases, cuando no vacios, como para dar luz a una oscuridad inexistente, para llenar un papel comprado de antemano y que con pocas palabras valdría... ¿Para reinventar-entronizar a la Nada...?
Bien, debe ser por ser verano o la espesura mental podría ser sólo mía. De hecho quisiera volver a las salas con las obras de Kiefer para volver a recoger fuerzas para afrontar nuevos retos, nuevos horizontes, y reconocerme a mí también como parte de un cosmos, de unos gestos, formas y logos que aparecen y desaparecen muy a menudo en mi vida, en nuestras vidas...


Pompas

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Anselm Kiefer expondrá hasta primero de septiembre en el Guggenheim de Bilbo. Intentaré ir en verano. Le considero uno de los diez mejores artistas plásticos del XX o de los vivos actuales, es igual. Es uno de mis favoritos aunque pienso poco o nada en él, cuando desarrollo y cuando no... Me abrazo más a otros, a veces, no sé...

Es inmensamente rico, plástica y conceptualmente hablando (o escribiendo, ahora), y también debe serlo monetariamente ya que sus obras valen un colló de mico. Necesitaríamos veinte o treinta como él cada siglo, para que esta nuestra querida “civilización”, tan grande y tan imbécil a la vez, pueda superar algún día sus complejos con el arte, su sociedad (o suciedad) y su entorno. Kiefer coloca la mística, la historia, el propio horror “de y en” la historia, al propio hecho de pintar y conocer, a la altura de una religión, para convertirnos nosotros mismo en nuestros propios dioses, respetando o cuando menos soportando nuestros defectos y proezas a la vez, envolviéndonos sus obras como un espejo entre nuestras narices...

Ha sido, y es, padre de otros pintores. Como Barceló. Sin tanta pompa y platillos (?), un solo cuadro de Kiefer hubiera eclipsado la parafernalia estructural, compositiva, conceptual y sin tanto permiso-opinión obispal además, del montaje cerámico, recientemente inaugurado en la catedral de Mallorca (ante y por la monarquía borbónica, además).

Un cuadro de Kiefer como por ejemplo La jerarquía de los ángeles, del 2000 (óleo, emulsión, acrílico, goma-laca y telas de lino sobre lienzo), de unas medidas 950x-510 cm. que permiten además de una buena vista, transportar un verdadero paisaje interior y de observatorio eterno al abismo infinito... Y como desarrollo estético si se requiriera para llenar (o rellenar) conciencias místicas de cualquier hijo de vecino episcopal, municipal, real, militar, liberal o conservador... Yo preferiría a cualquier hijo de vecino payés o proletario, por ejemplo. Se acercaría más a la esencia de un trabajador plástico como Kiefer, que pinta o construye-reconstruye sus obras, quizás como Miró, como verdaderos labradores de la tierra, del concepto, de la metafísica, del traspasar materias con pinceles-espada o de la realidad escondida de nuestros sueños, ilusiones, paisajes de la memoria... De nuestras verdades y mentiras...